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Un mundo sin productos de origen animal

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Un mundo sin productos de origen animal

Dado el desafío de proporcionar una nutrición adecuada para una población mundial en crecimiento, surgen cuestionamientos sobre la producción y consumo de productos de origen animal. Algunos se preguntan por qué alimentamos a los animales cuando ese mismo alimento podría dirigirse directamente a la sociedad humana. Otros afirman que se podrían reemplazar todos los nutrientes animales sin afectar la salud de las personas. En ese marco, algunos sugieren que la modificación o la eliminación total de la agricultura animal ofrecería beneficios a la sociedad en términos de seguridad alimentaria y de impacto ambiental. En los últimos meses han aparecido dos interesantes trabajos que ofrecen miradas contrapuestas sobre este tema tan apasionante para la seguridad alimentaria global.

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Una de las tendencias que va creciendo en las sociedades del mundo occidental es el dejar de lado el consumo de carnes -vegetarianismo- hasta llegar a su forma más extrema, el veganismo, cuyos impulsores excluyen totalmente el consumo y la utilización de productos de origen animal. Los motivos son variados, se argumentan temas éticos, de salud y de sustentabilidad ambiental. En este último terreno, se culpa a la producción animal de utilizar recursos que podrían ser aprovechados para alimentar personas y de generar gases con efecto invernadero y ser así una de las responsables del cambio climático.
Ya se sabe que en el mundo se pierde o se desperdicia un tercio de los alimentos producidos, pero a ese tercio habría que sumar –dicen los críticos del consumo animal- los alimentos consumidos que se “despilfarran” por las malas elecciones dietarias. En un reciente estudio(1) publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) de los EE.UU., investigadores del Instituto de Ciencias Weizmann, con sede en Rehovot, Israel, propusieron un nuevo concepto para definir y cuantificar este desperdicio: las “pérdidas de oportunidad” de alimentos. Este término está inspirado en el concepto económico de “costos de oportunidad”, referido al costo de elegir una alternativa particular en lugar de una opción mejor.
En este caso particular, la pérdida de oportunidad surgiría del uso de tierras agrícolas para producir alimentos de origen animal, en lugar de alternativas basadas en cultivos nutricionalmente comparables. Según los investigadores, sólo en EE.UU., el reemplazo de todos los alimentos de origen animal por cultivos comestibles para consumo humano, podría agregar alimento suficiente para 350 millones de personas adicionales -más de la población total de ese país del norte- con el uso de los mismos recursos naturales.
Se compararon los recursos necesarios para producir las cinco categorías más importantes de alimentos de origen animal (carne vacuna, porcina, aviar, lácteos y huevos) con los recursos necesarios para producir un mix de cultivos comestibles de similar valor nutricional en términos de proteína, calorías y micronutrientes. Los investigadores encontraron que los vegetales podrían producir de dos a veinte veces más proteína por unidad de superficie. Por ejemplo, en el caso de la producción de carne vacuna, la compararon con la producción de un mix de soja, papas, azúcar de caña, maní y ajo, “que entregan un similar perfil nutricional cuando se combinan en las proporciones correctas”. En este caso, la superficie que podría producir 100 g de proteína vegetal rendiría solamente 4 g de proteína cárnica bovina.
Las pérdidas de oportunidad calculadas por no reemplazar otros alimentos de origen animal fueron también altas: 90% para carne de cerdo, 75% para lácteos, 50% para carne aviar y 40% para huevos. “Favorecer una dieta a base de vegetales puede generar más alimentos que la eliminación de todas las causas convencionales de pérdida de alimentos”, concluyen los especialistas, “las pérdidas de oportunidad tienen que ser tomadas en cuenta si queremos hacer buenas elecciones con respecto a la seguridad alimentaria global”.
Sin embargo, no todo es tan sencillo y lineal. ¿Qué sucedería si todos dejaran las carnes, lácteos y huevos y los productores de ganado se volvieran agricultores puros? Un grupo de investigadores del ARS-USDA(2) analizó esa posibilidad en EE.UU. y encontró que el cambio de uso de la tierra desde la producción mixta a una producción totalmente vegetal podría aumentar el volumen de alimentos apenas en un 23%. Sin embargo, debido a que gran parte de la superficie no es apta para cultivos de alto valor, la mayor parte de los alimentos adicionales generados serían cultivos altos en calorías, como maíz y soja (Figura 1). La limitación en el incremento de frutas y verduras refleja temas de rentabilidad de la tierra, del clima y de la infraestructura necesaria para estos cultivos.