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Calidad bacteriológica de aguas de pozo del Sudeste Bonaerense en distintas estaciones climáticas del año

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Calidad bacteriológica de aguas de pozo del Sudeste Bonaerense en distintas estaciones climáticas del año

Joaquín Perez Escalante; Yolanda Andreoli*; Marino Puricelli; Claudia Castellari; Karina Cirone y Facundo Marcos Valle.

Laboratorio de Microbiología de Suelos y Alimentos – Unidad Integrada Balcarce (Facultad de Ciencias Agrarias de la UNMdP – EEA Balcarce INTA). Balcarce. Buenos Aires, Argentina.
*andreoli.yolanda@inta.gob.ar

Se realizaron las determinaciones bacteriológicas que establece el Código Alimentario Argentino (CAA) para determinar la potabilidad de aguas para consumo humano en distintas estaciones climáticas. Además, se investigó la presencia de Mycobacterium spp. Desde el punto de vista bacteriológico, el 64,58% de las muestras resultaron no aptas para consumo humano con variaciones según la estación climática. El porcentaje de aptitud para el otoño e invierno fue del 25% mientras que en primavera y verano se obtuvieron valores del 50 y 41,6%, respectivamente. No se aislaron especies de Mycobacterium en las muestras analizadas.

Introducción
En la región pampeana, la fuente de agua más frecuente es la subterránea y el tipo de acuífero comúnmente explotado es el freático. La razón no se debe a su calidad ni capacidad para ceder agua sino, fundamentalmente, a su facilidad de acceso debido a la reducida distancia a la superficie del terreno (Puricelli y Moreyra, 2012). La infraestructura para el acceso al agua es la que permite captar, almacenar y distribuir de forma eficiente y segura el recurso, así como manejar convenientemente los efluentes, de forma tal de garantizar su calidad química y microbiológica (Puricelli y Moreira, 2012). Además, la ubicación y las características de las obras de manejo de efluentes domésticos y producción pecuaria (cámaras sépticas, corrales, lagunas de decantación, etc.) condicionan de forma directa la calidad del agua extraída del subsuelo (Custodio y Llamas, 1983; Espinosa et al., 2009).
El agua contaminada puede ser un importante vehículo de microorganismos patógenos que originan diversas enfermedades en el ser humano, como diarreas (Baldi et al., 2009; Guillén, 2011), cólera, fiebre tifoidea, disenterías, poliomelitis, hepatitis y salmonelosis (Mc Junkin, 1985), entre otras, en las que el agua actúa directa o indirectamente en su aparición, algunas de ellas con alto impacto en términos de morbilidad y mortalidad (Sánchez-Pérez et al., 2000).
Agentes infecciosos como bacterias patógenas, virus y parásitos llegan al agua de consumo humano por contaminación directa con aguas servidas que se vierten a las corrientes de agua, por derrames provocados por lluvias y escurrimiento superficial, o bien por acuíferos contaminados por letrinas, pozos negros, etc. (Mc Feters, 1990).
Ante la dificultad que representa la detección de todas las bacterias patógenas en el agua, la opción más adecuada ha sido detectar las que están presentes normalmente en las heces de los seres humanos y de los animales de sangre caliente, a las que se denomina bacterias indicadoras de contaminación fecal (Flores-Abuxapqui et al., 1995). Los microorganismos coliformes son los indicadores bacterianos más sensibles para demostrar este tipo de contaminación (Packer et al., 1995). En particular, se estudia la presencia de E. coli como indicador por excelencia, debido a que es un contaminante común del tracto gastrointestinal tanto del hombre como de los animales de sangre caliente y se encuentra en grandes cantidades en el mismo. Además, este microorganismo permanece en el agua más tiempo que las bacterias patógenas y se comporta de igual manera en los sistemas de desinfección (Arcos Pulido et al., 2005).
En nuestro país, el CAA (artículo 982) establece los siguientes criterios microbiológicos para aguas de consumo humano: Coliformes Totales (CT) igual o inferior a 3 NMP/100mL, Bacterias Aerobias Mesófilas Totales (BAMT) máximo de 500 UFC/mL (a 37º C durante 24 horas), ausencia de E. coli y de P. aeruginosa en 100 mL de agua. Cuando el agua analizada no cumple con alguno de los parámetros establecidos por el CAA, se considera que la misma no es apta para consumo humano.
Además de los parámetros exigidos por el CAA, especies de Mycobacterium, como M. abscessus, M. gilvum, M. gordonae y M. mageritense, han sido asociadas con suministros de agua (Gira et al., 2004). Éstas pueden ser clasificadas como especies estrictamente patógenas que son transmitidas por el humano o por reservorios animales únicamente (M. tuberculosis, M. leprae) y las llamadas micobacterias no tuberculósicas (MNT) (Le Dantec et al., 2002). Estas últimas han sido asociadas con suelos y aguas, muchas de las cuales han sido consideradas como patógenas oportunistas y pueden causar enfermedades muy diversas en el humano (Primm et al., 2004).
La determinación de las especies de Mycobacterium presentes en agua para consumo humano se considera de especial importancia debido a la adaptabilidad a los cambios de pH y temperatura, además de la tolerancia a la cloración y por lo tanto la difícil eliminación que presentan estas bacterias en particular, en relación a otros patógenos encontrados en el agua (Le Dantec et al., 2002).
Por lo expuesto, la determinación de la aptitud bacteriología del agua para consumo humano resulta de especial interés para la población en general. Además, hasta el presente, no ha sido estudiada la influencia de la estación climática en la variación de los parámetros exigidos por el CAA y la presencia de especies de Mycobacterium.
El objetivo del presente trabajo fue determinar la calidad bacteriológica del agua subterránea para consumo humano de acuerdo a los límites establecidos por el CAA. Al mismo tiempo, se investigó la presencia de Micobacterias en distintas estaciones climáticas del año.